Hernan Salvo
EPPUR SI MUOVE

Por Gabriel Bitterman

"Todo cambia, nada es" Heráclito de Éfeso

Todo está en movimiento. Y todo puede representarse de manera estática, hasta el movimiento mismo. Desde la Antigüedad clásica, el hombre buscó captar una esencia invariable, tanto para sí mismo como para las cosas que lo rodean. Para lograr ese objetivo tuvo que nombrar, categorizar, adjetivar. Herederos como somos de esa tradición, solemos presentarnos y representarnos de una forma estática, como si tuviésemos una coraza invariable que nos define eternamente.

La instalación de Hernán Salvo pretende desenmascarar este mito, mostrarnos que detrás de todo siempre hay movimiento y cambio. Solo es necesario remover esa cáscara que cubre las cosas para encontrar una profundidad infinita. Ese infinito, de tiempo y espacio, se extiende hacia afuera y hacia adentro, y se conecta e interactúa en todos sus niveles. La estructura y dinámica de los átomos imita a la del cosmos (¿o es acaso al revés?), el movimiento de los planetas condiciona el de las mareas, y el de las mareas condiciona nuestras vidas.

Al mismo tiempo, la interacción entre ambas obras nos remite a la alegoría platónica de la caverna, pero resignificada y reinterpretada. Formas individuales geométricas y la proyección de sus sombras nos trasladan a la idea del mar, un mar detenido en el tiempo, que puede llevarnos del mundo sensible al mundo inteligible, donde las cosas son ideales y verdaderas a la vez.

De esta forma, la obra de Salvo nos muestra que, por más que suene contradictorio, hasta las esencias cambian, ya que la esencia de nuestro universo es el cambio mismo. Aunque a primera vista pueda parecer estático debemos recordar, como afirmó Galileo Galilei, que “sin embargo se mueve”.


ESPACIOS NOCTURNOS

por Patricia Rizzo

Los trabajos de Hernán Salvo tienen como eje central la arquitectura. Presenta su producción más reciente, una serie de relieves de distintas fachadas de edificios que sintetizan parte de la arquitectura porteña. Suma con ellos nuevos capítulos a su saga referida a esa temática, la que ha sido recurrente en su obra y que se ha manifestado a través de distintos formatos, tanto en pequeñas obras en las que destaca detalles, cuadros de gran formato dibujados con carbonilla, o los trabajos que se exhiben, escenificaciones corpóreas y tridimensionales que oscilan entre la escultura y el objeto.
Estas obras ricas en ornamentos y diversidad de estilos yuxtapuestos, poseen una atmósfera singular. El artista toma de los estilos español, francés e italiano, así como del Art Noveau y Art Decó; de cada uno de los estilos escoge referencias, se apropia de fragmentos sueltos de construcciones existentes en la ciudad y arma sus edificaciones a partir de su pura inventiva; recrea por medio de una modalidad que busca y halla equivalencias paradigmáticas y sutiles creando un proceso recursivo de reproducción impactante que demuestra un duro y meticuloso trabajo artesanal.
El ensamblaje también es particularmente interesante. Las piezas funcionan como carcasas rígidas profusamente ornamentadas. Son realizadas con madera y adhiere a ellas fragmentos puntuales, detalles decorativos como cariátides o mascarones; festones, grecas, pilastras, acróteras y volutas los que moldea artísticamente con masilla epoxi o en madera de manera muy cuidadosa. Asimismo las terminaciones que asemejan “revoques”, las elabora a través del minucioso empolvoreado de limadura de hierro, el que muy certeramente, simula cemento. Sus relieves demandan que se preste atención al equilibrio, la tensión y la intuición con respecto a los materiales. La iluminación juega un protagonismo importante, potenciando las posibilidades del claroscuro.
Como ejemplo de su estilo de trabajo, Metrópolis, una de las piezas centrales, hace alarde de una exquisita mixtura entre un estilo sofisticado y a la vez variopinto, que remonta a la estética propia de los cines-teatro de los barrios. Estos tuvieron, en los años 50, su momento de expansión. Las puertas colocadas en sucesión, lustradas y ornamentadas con placas y tiradores de bronce recuerdan a la herrería engalanada de los tradicionales Gran Rex y Opera, hoy reservados a eventos puntuales. A diferente escala, el material


LOS ESPACIOS DEL SILENCIO

por Horacio Safons

“La obra es para mí contestación y pregunta” – Eduardo Chillida (“Escritos”)

Las obras de Hernán Salvo, o son pequeñas pero potentes construcciones de fachadas edilicias tridimensionales, que oscilan entre el objeto, la escultura y lo escenográfico o son carbonillas u óleos austeros que reinsertan iguales escenarios, alterados a veces con la presencia casi fantasmal de algunos espectadores aislados. Las maquetas están realizadas con una evidente destreza artesanal que implica un sentido general de lo constructivo con carácter de monumento, de memoria proyectada y de teatralidad. Los óleos y carbonillas, por su parte, recurren al uso del Trompe-L´oeil como recurso sustituto; lo hecho en tres dimensiones pasa de lo concreto a lo virtual e introduce escena dentro de la escena y lo ilusorio como realidad. Podríamos decir que es el despliegue de la materialidad en la proyección representativa.
En ambos casos, telas o estructuras, son piezas saturadas de sombras, ya que la luz está exclusivamente para evidenciarlas, para darle carácter elusivo y mantenerlas a un paso de la revelación; diría que son las sombras las que transfiguran, tanto a las plateas prácticamente desoladas y sus grandes pantallas cinematográficas, como a estos edificios inquietantes, sedes refinadas y majestuosas de premoniciones y sucesos, puertas cerradas, ventanas con cortinas bajas o con luces mortecinas que llenan de intriga el ánimo del espectador. Pueden decir más y de hecho dicen más, que si expusieran personas, cosas o acciones a la mirada. Cada fachada parece remitir a un código, a una narración soterrada entre los muros, a un espacio detenido en el tiempo, en el cual puede suceder, en cualquier momento, una situación de riesgo o un desenlace abrupto e inesperado. (“Ventanas”, 2008; “Nocturno”, 2008/9; “Metrópolis”, 2009).
Si el conjunto refiere a una suerte de ciudad fantasmal, silenciosa y recogida en sí misma (sin contexto urbano), cada fachada es una entidad propia, que guarda acontecimientos singulares y, de alguna manera, sustraídos a la conciencia de los demás. Toda ella parece vivir del silencio que la invade, la cerca y la mantiene en el intersticio entre la realidad y la irrealidad. Con ser arquitecturas perfectamente legibles y racionales, se han corrido del territorio de la vigilia y han invadido el de los sueños. Es un desplazamiento inquietante, sobre todo porque se aferra a una familiaridad distorsionada y provocativa. Es que, de alguna manera, Salvo parece poner en obra arquetipos arquitectónicos cuya historia no está manifiesta, pero se encuentra implícita.
Son edificios que por un lado esperan y por el otro enclaustran, expulsan. Hay un uso riguroso y sostenido de rectángulos verticales como puertas y ventanas, arcos de medio punto, círculos que decoran con sobriedad y diría, fría y metódicamente, las fachadas, con voluntad de establecer un orden que no se limita a lo arquitectónico, sino también a sus probables y ausentes habitantes. Dan cuenta de una mente organizada por la regularidad majestuosa , equilibrada e imponente de un “clasicismo” sui géneris, congelado en el tiempo, y encerrado en su propio decir y en su propia tipología.

Asépticas como estructura, contaminadas de premoniciones como imagen, preciosistas como construcción y sutiles en el uso de los recursos formales, las obras tridimensionales de Salvo no dejan espacio para agregados ni acontecimientos externos. Todo sucede, si es que sucede y, hay que decirlo, no estamos seguros de que suceda nada, en el ámbito de la obra. Cada una de ellas ha acotado su propio espacio y su propio acontecimiento, pero todas, por sus características pueden enlazar con una visión metafísica de la realidad; personalmente pienso en la arquitectura de De Chirico porque , en definitiva, esa asepsia del ámbito pone a la materialidad en cuestionamiento y uno sospecha que lo que se ve, es mucho menos que lo que realmente hay. Tanto es así que, la mayoría de las veces está ausente el hombre y sin embargo esa ausencia lo convoca de manera acuciante e inapelable.
En sus obras bidimensionales, sobre todo en las realizadas con carbonilla y en blanco y negro, que son sustancialmente expresivas, Salvo hace más explícito el juego de las proyecciones y de los ámbitos; siempre en las sombras: sombras como nocturnos en sus fachadas, sombras como inicio del espectáculo en las salas semivacías o vacías de sus telas.
Sombra y soledad. Es un ámbito privilegiado de silencio, dónde la mirada es guiada, de tal manera, que finalmente ve, lo que la luz no es capaz de mostrar.


Horacio Safons
San Fernando, junio de 2010